Humanizar la atención: el cómo, puede cambiarlo todo.

Humanizar la atención sanitaria y social pasa por el respeto a la persona, sus valores y creencias.

  • Los profesionales sociosanitarios son los actores principales en el proceso de humanización.
  • La necesidad de humanizar la salud es una demanda creciente por parte de la sociedad.

Madrid 3 de abril de 2019-

La humanización en la atención sanitaria y social solo es posible si se ofrece desde el respeto incondicional a la

persona, a sus valores y sistema de creencias. Solo así es posible ofrecer una atención personalizada que dignifique a la persona atendida e impida la inhumana división entre enfermo y enfermedad.

La necesidad de humanizar la salud es una demanda creciente de la sociedad. Según el último barómetro del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), que recoge las opiniones de casi 8.000 ciudadanos, el trato que el médico da a los pacientes es uno de los aspectos que más necesita mejorar.

“Humanizarse para humanizar” Pierre Luigi Marquesi (1986)
Los profesionales son los principales agentes del proceso de humanización ya sea en el ámbito sanitario, en el social o incluso en el docente.

Sin ellos no es posible la humanización ya que este valor supone un proceso de interiorización, concienciación y de decisión profesional éticamente responsable y en libertad, sustentado en valores existenciales y morales que dan sentido a la vida.

Gracia González, profesora del Centro Universitario de Ciencias de la Salud San Rafael-Nebrija, considera que “como actores principales tenemos el gran reto y la vez el privilegio de conseguir que esto sea una realidad. Marcamos el camino en una era cada vez más digitalizada, donde las relaciones interpersonales cada vez son más ausentes”.

Es por ello pertinente revitalizar las actitudes y las competencias profesionales para mejorar los patrones de calidad asistencial y la dimensión humanizadora de los cuidados: “humanizarse para humanizar” en palabras de Pierre Luigi Marquesi (1986).

Solo de esta manera “la humanización impregnará todas las actuaciones en los procesos de atención”, añade la profesora Gracia González.

Es necesario fomentar la humanización en los profesionales: el cómo, puede cambiarlo todo.
Para revitalizar las actitudes y competencias profesionales es necesario fomentar la humanización en los profesionales, en primer lugar, “a través de la sensibilización”. Así lo cree Gracia González.

En su opinión “lo fundamental es crear una cultura desde la perspectiva de la conducta hacia los demás, lo que requiere un proceso de auto reflexión y de reflexión en los procesos de atención”.

Considera que “la formación y la investigación en este ámbito pueden favorecer dicha sensibilización, pero no pueden desvincularse de la observación de los procesos asistenciales ya que es increíble ver como “el cómo, puede cambiarlo todo”.

Es difícil puesto que es un concepto a aplicar y depende en primer lugar de la voluntad del individuo. A nivel competencial, continua la profesora, “podríamos decir que la humanización se puede componer de un conjunto de competencias relacionadas con la comunicación, con habilidades relacionales, la atención a la dimensión espiritual de las personas, y el respeto a la intimidad y la autonomía de las personas atendidas”. Pero “muchas veces no se evalúan o pasan desapercibidas”.

Promover un modelo de humanización estatal.
Gracia González cree que “es necesario”. Aunque algunas Comunidades Autónomas han desarrollado planes estratégicos vinculados a la humanización, y existen movimientos de asociaciones que persiguen este objetivo en diferentes ámbitos, especialmente clínicos, “es necesario unificar esfuerzos a todos los niveles y en todos los ámbitos, para que esto sea una realidad en cualquier lugar”.

Considera que es una demanda cada vez más reclamada por la sociedad: “en la última década estamos siendo testigos de esta demanda a nivel social porque las personas lo somos con independencia de la comunidad autónoma a la que pertenezcamos, o al hospital público o privado al que vayamos”.

Todos merecemos, y deseamos, una atención humanizada, que vaya más allá de la técnica, haciéndonos sentir dignos como individuos.

Cada persona atendida tiene necesidades diferentes y los profesionales deben ofrecer una atención personalizada adaptada a las necesidades de cada momento, con el objetivo de maximizar su bienestar.